Las discusiones entre políticos para dirimir si tiene razón Tinelli o el Presidente están lejos de día a día que vive la ciudadanía. Mientras la oposición busca cerrar acuerdos alrededor de un candidato que va a las urnas dentro de tres años y medio, la sociedad esta preocupada por los aumentos de gas, de luz, del aceite e inclusive los aumentos del los morrones.
La falta de ideas se expone cuando comienzan a televisarse las reuniones de gabinete y luego el jefe de gabinete sale a explicar lo inexplicable o, cuando el Ministro Aranguren intenta elaborar sus teorías, sin ningún sustento técnico, de porque los servicios esenciales sufrieron un incremento del mil por ciento argumentando que durante los últimos doce años estaban subsidiados los servicios.
La ya resignada población trabajadora que mañana debe abordar un subterráneo y abonar un 67 por ciento de mas no entiende los motivos por los cuales la clase dirigente discute si está bien la ridiculizar al presidente en un programa de televisión cuando con sus salarios hacen malabares para llegar a fin de mes.
Sumado a estas penurias ahora apareció Fernando de la Rua también echándole la culpa a Fredy Villarreal por las manifestaciones que terminaron con su gobierno.
Todo este dislate culmina con una vieja frase que se estudia en los primeros años de abogacía: Nadie puede alegar su propia torpeza o, lo que todavía es mucho más grave: Los pueblos que no tienen memoria están condenados a repetir su historia.
Lamentablemente, esta historia recurrente de nuestro país nos retrotrae a la década del 60 cuando se responsabilizaba a los medios de comunicación de bautizarlo a Arturo Illia de tortuga.
La diferencia es que en aquella época existía un ejercito fuerte, destituyente y con ansias de poder político. Hoy sin el partido militar, la política está obligada a delinear políticas de Estado y terminar con las discusiones banales, sin sentido y alejándose cada vez mas de las necesidades de una población que está reclamando a gritos que se ocupen de ellos.
