En los últimos meses sucedieron una serie de hechos de inseguridad que culminaron con homicidios perpetrados por las victimas de un robo que asesinaron a los asaltantes. Sin lugar a dudas el último, cuando Daniel Oyarzún un carnicero de Zárate, victima de un robo a mano armada, persiguió a los delincuentes que huian en moto, los atropelló y mató a uno de ellos, generó un debate en la sociedad sobre la justicia por mano propia.

Abonó el debate la declaración del Presidente Mauricio Macri en un diálogo con un periodista dijo que para él, Oyarzún debería continuar el proceso judicial en libertad. Rápidamente la sociedad de Zárate marchó para increpar al Intendente pidiéndole mayor seguridad cuando del Alcalde no depende. Las radios con una irresponsabilidad absoluta encuestaban a sus oyentes para que en pocos segundos respondieran si estaba bien o mal lo que hizo el carnicero de Zárate. Comenzó un debate muy poco profundo donde todos respondían a favor de la venganza. Los opinadores defendían Oyarzún y solicitaban su inmediata libertad.

Resulta muy difícil racionalizar desde la pasión. Sin embargo es obligación de los comunicadores, mas allá de los apasionamientos, promulgar por la participación del Estado y su pronta respuesta a los múltiples reclamos de seguridad. Brindarle protección a una sociedad que se siente abandonada y desprotegida. No está bien que la víctima se convierta en victimario. No debemos contribuir para instalar el ojo por ojo diente por diente o instar a la ciudadanía a armarse en defensa propia. La Seguridad es una potestad indelegable del Estado, lo mismo que la Justicia. No existen los justicieros ni se combate un delito cometiendo otro. No se debe linchar a un ladrón hay que arbitrar los medios para entregarlo a la justicia.

Ahora el Estado está obligado a dar una respuesta a la sociedad. La Ministra de Seguridad debe presentarnos un plan de seguridad. Los funcionarios deben dejar de analizar la realidad solo deben transformarla para mejor o bien, si no están capacitados presentar su renuncia en función de una mejor calidad de vida. El presidente debe entender que desde su investidura no puede opinar con liviandad, todo lo contrario debería apenarse por la impericia de sus funcionarios y solicitarles la renuncia y nombrar a personas idóneas que sepan de seguridad y apliquen sus conocimientos en la confección de un buen plan.

También tener la suficiente humildad para convocar a los dirigentes políticos de todos los partidos para entre todos evaluar la situación y planificar políticas de Estado a corto, mediano y largo plazo. Es una buena oportunidad para que entre todos diseñen acuerdos de políticas de Estado. Caso contrario será mas de lo mismo.