Se registra un deterioro en la capacidad para afrontar consumos, según un estudio de la UCA. La tendencia se agravó en la última década

Pese a la caída de la pobreza en el segundo semestre de 2024, el estrés económico alcanzó al 50% de la población, evidenciando una fragilidad estructural. Se trata de la percepción sobre la capacidad de los ingresos totales para cubrir consumos básicos mensuales, sostener patrones de consumo y ahorrar.
Así surge del último estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA. La insuficiencia de ingresos autopercibida se agudizó desde 2015. Previo al 2017, había una brecha importante entre los niveles de pobreza e indigencia y la evaluación personal de poder atender las necesidades del hogar. A partir de ese entonces, la distancia se fue achicando a la vez que empeoraron dichos indicadores monetarios.
En los últimos tres años, se observa un aumento del estrés económico, pero esta intensificación no es marcada entre los indigentes y pobres no indigentes, sino que el agravamiento se concentra, de manera principal y casi exclusiva, en el grupo de los no pobres.
“En los estratos medios bajos, se destaca un crecimiento de los hogares entrantes (que en 2022 no percibían estrés económico pero sí en 2023-2024, o que no lo percibían en 2022 ni en 2023, pero sí en 2024), reflejando un deterioro coyuntural de los sectores medios bajos”, señala el ODSA.
Además, entre 2022 y 2024 la autopercepción de insuficiencia de ingresos aumentó 50% en el nivel socioeconómico medio alto, pasando de abarcar el 9,8% de ese segmento al 15,2%.
En el segundo semestre del año pasado, la pobreza llegó al 38,1% y la indigencia al 8,2%, lo que representó una fuerte baja en relación a los 6 meses previos. Sin embargo, el 50% de la población percibió un deterioro en su capacidad para afrontar consumos o ahorrar. En 2023, ese guarismo era de 46%. Los picos de carencias se dieron en 2016, con el 51,9%, y en 2019, con el 55,3%.
Fuente: Infobae
