Sudamérica, dividida por el alineamiento con la administración Trump, y el caso Colombia. El peronismo prepara su propio proyecto consensuado con la CGT, y Santilli viaja al interior. Festejos en Punta del Este y Pinamar. CFK, la Justicia y “Chiqui” Tapia. Postales de Cumelén. Nueva sociedad para Jorge Macri

Con medio gabinete de vacaciones, y mientras empieza a negociarse otra vez el proyecto de reforma laboral, el Gobierno recibió ayer una noticia desde Venezuela, originada en Itamaraty, como consecuencia inmediata del apoyo libertario a la salida forzada de Nicolás Maduro, el ex jerarca del régimen bolivarianoque Javier Milei utilizó para volver a ligar a Lula da Silva con la operación impulsada por Donald Trump: furioso por las diatribas de su colega argentino, el jefe de Estado brasilero definió que su país dejará de representar a la Argentina en Caracas, tras asumir ese compromiso a mediados del 2024.
La definición de Lula exhibe el quiebre cada vez más nítido entre la Casa Rosada y el Palacio del Planalto, y la polarización extrema a nivel regional; también exhibe la decisión irrestricta de Milei de reconfigurar un espacio conservador que podría plasmarse en una reunión de los países alineados con la doctrina Trump en la Argentina para el primer semestre, un encuentro que todavía no maduró pero que el Presidente quiere ofrendarle a su colega norteamericano como retribución por socorrer al Gobierno en medio de la crisis del programa económico que estuvo a punto de naufragar en el tercer trimestre del año pasado. Ese nuevo coro de naciones, al que se plegaron en los últimos meses meses Bolivia y Chile con los triunfos de Rodrigo Paz y de José Antonio Kast, amaga con sumar este 2026 a Colombia, que definirá en mayo al sucesor de Gustavo Petro, otro enemigo manifiesto escogido por Milei.
Petro llegó a la presidencia de su país asesorado a tiempo completo por Antoni Gutiérrez-Rubí, el consultor catalán que dejó de trabajar -al menos por ahora- en la Argentina tras la derrota del PRO en las elecciones locales de la capital de mayo pasado, agraviado por La Libertad Avanza en una despiadada campaña de prensa. Hay serias chances de que Petro le traspase el poder a un dirigente de la derecha. Una de las figuras de esa disputa es Abelardo de la Espriella, un abogado outsider con contactos diversos en la región, con apoyo de sectores militares del país y relaciones con el chavismo venezolano por sus intereses empresariales. De la Espriella tuvo un crecimiento relevante en las encuestas, y viene de llenar el Movistar Arena de Bogotá. Fuentes diplomáticas aseguran de todos modos que la administración Trump se inclina por perfiles más clásicos: en Honduras, por ejemplo, a través del Partido Nacionalista. Ayer, el Gobierno republicano advirtió sobre “severas consecuencias” por los intentos por revertir la elección presidencial que consagró a Nasry Asfura, de ese partido, apuntalado por Trump. En Colombia, el uribismo, cercano históricamente al republicanismo norteamericano, acaba de nominar a la senadora Paloma Valencia, de Cambio Democrático, el espacio fundado por el expresidente Álvaro Uribe.
Las divergencias regionales, expuestas además por la falta de un pronunciamiento conjunto reciente en el marco de la CELAC -cuya presidencia está temporalmente a cargo de Colombia- sobre el operativo de Trump en Venezuela que terminó con Maduro enjuiciado en los tribunales de Manhattan, tendrán el próximo sábado un paréntesis cuando los socios el Mercosur se reúna en Paraguay para celebrar el histórico acuerdo aprobado por la Unión Europea, que da nacimiento a la mayor área comercial del planeta y que prevé aumentar las exportaciones desde uno a otro continente.
El avance fue celebrado este fin de semana por el Gobierno, que enfrenta en el plano doméstico semanas cruciales para las negociaciones en torno a la reforma laboral, un proyecto que la Casa Rosada quiere tener aprobado antes de que culmine el verano. En las últimas horas se volvieron a dinamizar las conversaciones. A mediados de semana, Diego Santilli viajó a Chubut para hablar de la iniciativa con Ignacio Torres, aunque la visita estuvo atravesada por los incendios forestales en esa provincia. El ministro del Interior planea recorrer esta semana Chaco y Mendoza, donde gobiernan dos aliados, un revival de la gira reciente que protagonizó por el interior antes de la aprobación del Presupuesto de diciembre.
Envalentonado por ese triunfo, el sector más halcón de La Libertad Avanza, liderado por su propio presidente, intentó obtener media sanción de la reforma laboral en el Senado antes de que termine el 2025, pero por sugerencia de algunos aliados el Gobierno tuvo que patear la discusión para el mes próximo. Hay quienes adjudican puertas adentro esa movida a Santiago Caputo, supuestamente marginado de la operación política aunque no de la gestión -en la que conserva un inmenso poder-, por las relaciones del consultor con sectores del sindicalismo y de la propia Cámara alta, en la que ahora pisa fuerte Patricia Bullrich.
Más allá de la autoría intelectual de esa dilación, puertas adentro del Gobierno aseguran que Milei no quiere negociar “ni una coma” del proyecto. Es lo que advierten en la CGT, que exploraron en estas semanas canales formales e informales de diálogo con el Ejecutivo, aún con escasísimas promesas. Por ese motivo, en simultáneo a la gira de Santilli entre los gobernadores, una comitiva de la central obrera también prevé desembarcar en varias provincias, en su mayoría de corte peronista, para intentar presionar por cambios en un proyecto cuya aprobación se da por descontado en todos los sectores: solo resta saber si Milei acepta introducir alguna modificación.
En ese contexto, fuentes del peronismo propician un proyecto propio de reforma. “Tenemos que proponer algo, no solo oponernos”, señaló un dirigente que conoce ese trabajo. La encargada de unificar las diferentes iniciativas es Kelly Olmos, la ex ministra de Trabajo, que este fin de semana trabajaba en la centralización y redacción de una propuesta que en los próximos días deberá ser consensuada con la CGT. Hay sectores que plantean una hoja de ruta similar cuando aparezca sobre la mesa la discusión impositiva.
Liderazgos en crisis. Los esfuerzos de la CGT por modificar la reforma laboral se enmarcan dentro de la crisis de liderazgos en el peronismo, que todavía no encontró una alternativa superadora al kirchnerismo, frente a un Gobierno que, a priori, no encuentra una oposición sostenible. “Milei es como un tren bala, es muy difícil hoy pararse enfrente, te lleva puesto”, suele explicar un dirigente de la oposición que está corrido hace meses del centro de la escena.
Ese lugar es el que pretende ocupar Axel Kicillof, que sigue enfrascado en una disputa irreconciliable con Cristina Kirchner y su hijo Máximo. “Tiempos de algunas ingratitudes y olvidos convenientes…”, escribió la expresidenta el viernes en su cuenta de X al recordar a un militante cordobés que falleció frente a su departamento de San José 1111 por un accidente automovilístico. ¿Fue un mensaje dirigido al gobernador bonaerense? ¿O no solo a él?
Las visitas a su departamento no se discontinuaron desde que fue condenada, pero la expresidenta es consciente de que su voz, y su liderazgo, son cada vez más desafiados. Cuenta con la ventaja de que ningún dirigente pudo por ahora encabezar una renovación moderna y seductora. Ni siquiera Kicillof, más allá del éxito parcial del desdoblamiento de la elección provincial. “La derrota de octubre también fue un mensaje para Axel”, sentenció un analista del peronismo.
Cristina Kirchner arrastra, sin embargo, la inflexibilidad de un sistema, como el judicial, que se mostró implacable incluso durante su internación en el sanatorio Otamendi, al que ingresó por un cuadro fuerte de apendicitis por el que fue intervenida quirúrgicamente. Cuando fue internada, se le autorizó que le quitaran la tobillera electrónica para someterla a estudios y luego durante la operación. A los pocos días, todavía internada, le volvieron a colocar la tobillera. Fuentes judiciales incluso deslizan que el propio Jorge Gorini, el juez a cargo de la ejecución de la pena de la expresidenta, se habría acercado al Otamendi para verificar las condiciones de internación. Por esa delicadeza, en fuentes judiciales corrió como una humorada en estos días el apodo de “enfermero” para el magistrado.
Más allá de la ocurrencia, el derrotero judicial de CFK, una señal evidente de la crisis de su liderazgo, volvió a ser refrescado estas semanas por los coletazos de las denuncias vinculadas a la AFA que sacaron de la zona de confort a Claudio Tapia, “Chiqui”, el jefe de la asociación del fútbol local que se jactaba hasta hace escasos meses de sus contactos a nivel global y la red de influencias locales.
También en franca crisis por la información revelada por la prensa, un alto dirigente del peronismo le recordó hace poco a Tapia revisar el caso de Cristina Kirchner y sus consecuencias. El jefe de la AFA cuenta, de todos modos, con una ventaja: desde que se destapó el escándalo vinculado con los negocios del fútbol, se ocupó él mismo de aceitar las relaciones con la Justicia. La ventaja es doble: hace años que el fútbol en la Argentina es un imán para jueces y operadores judiciales, que se vincularon de manera directa con Tapia o con dirigentes cercanos a él.
Fuente: Infobae
