Tras cerrar 2025 con subas por encima de la inflación, el precio volvió a acelerarse en el inicio de 2026. Cambios en la oferta de hacienda y una demanda internacional firme reconfiguran el mercado

El precio de la carne es uno de los más sensibles de la economía argentina y uno de los que más rápido impacta en la inflación. Después de cerrar 2025 con subas por encima del índice general de precios, el producto volvió a registrar fuertes aumentos en el inicio de 2026. En el sector ya anticipan que la tendencia alcista podría extenderse al menos durante los próximos dos años.
En el primer bimestre de 2026, según datos del Indec, los cortes de carne acumularon en promedio una suba cercana al 12%, mientras que la inflación general rondó el 6% en el mismo período. La diferencia volvió a marcar un desacople entre el precio de la carne y el índice general.
El fenómeno, sin embargo, no responde a una sola causa. De hecho, en el sector señalan cambios en la oferta de hacienda, una mayor presión del frente exportador y un contexto internacional que mantiene firmes los precios de la carne.
“Hoy la carne vacuna está en busca de un punto de equilibrio entre lo que la demanda va a consolidar de precio y la oferta. Ese es el gran tema”, explicó Javier Preciado Patiño, ingeniero agrónomo y ex subsecretario de Mercados Agropecuarios. Agregó que desde 2023 el mercado registra saltos de precios seguidos de períodos de estabilización en niveles más altos, en un proceso de reacomodamiento que todavía no termina de consolidarse.
En un reciente remate en la Bolsa de Comercio de Rosario, el precio del ternero superó los USD 4 por kilo, uno de los valores más altos registrados para esa categoría. El promedio del remate se ubicó en $6.222 por animal en el inicio de la zafra, un nivel que, según un informe de Rosgan, el mercado de referencia de la ganadería argentina, marcó un nuevo piso de precios para la hacienda.
Menos animales y oferta más ajustada
Una de las razones detrás de la suba en el precio de la carne, tanto acumulada, como proyectada, es la menor cantidad de animales que llegan a faena. Durante febrero se enviaron a frigoríficos 924.333 vacunos, frente a 1.018.668 en enero. En la comparación interanual, la caída fue del 10,7%, según datos de la Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario.
Detrás de esa caída aparecen dos factores habituales del ciclo ganadero. Por un lado, la retención de vientres por parte de los productores. Por otro, el proceso de recomposición del stock. En ambos casos, el resultado es el mismo: menos animales enviados a faena y menor volumen de carne disponible tanto para el mercado interno como para la exportación.
Esta reducción de la oferta, al final, genera un impacto en el precio: solo en febrero, los cortes relevados por el Indec registraron subas de entre 5,7% y 8,1%. Si se amplía el período, el movimiento resulta todavía más claro. En los últimos cinco meses, el aumento acumulado ronda el 60 por ciento.
El mercado internacional empuja los precios
La dinámica local se combina además con un contexto global que mantiene firmes las cotizaciones de la carne vacuna. A diferencia de lo que ocurrió con otros alimentos desde los picos de 2022, al momento del inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, la proteína animal siguió encareciéndose en el mercado internacional.
Según el índice de precios de alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), mientras cereales, aceites y azúcar acumulan caídas de entre 20% y 36% desde los máximos de 2022, el índice de la carne subió casi 8%. Dentro de ese grupo, la carne vacuna avanzó 12,5%, impulsada por una demanda global que se mantiene firme.
Este escenario, inevitablemente, se refleja en los valores de exportación que reciben los frigoríficos argentinos. Datos de la Asociación de Productores Exportadores Argentinos muestran que el precio de referencia para la Cuota Hilton llegó a USD 22.000 por tonelada para el bife ancho y a USD 21.000 para garrón y brazuelo. En ambos casos se trata de subas de entre 7% y 9% en el último mes y de más del 30% en la comparación interanual.
Con precios en esos niveles, los envíos al exterior volvieron a acelerarse. Durante febrero se certificaron 9.617 toneladas con destino a la Unión Europea, lo que implicó un salto del 150% frente a enero y el doble del volumen registrado en el mismo mes del año pasado, según datos del Senasa.
El crecimiento del comercio exterior argentino también está ligado a la demanda de los principales compradores de carne del mundo, en especial China y Estados Unidos. El mercado chino sigue siendo el principal destino de la carne local y explica una parte importante del volumen exportado, mientras que Estados Unidos volvió a ganar relevancia para los frigoríficos locales.
Es que la posible ampliación de la cuota de exportación hacia Estados Unidos reforzó las expectativas del sector. Tras la firma del acuerdo de comercio e inversión entre ambos países, el cupo podría elevarse hasta las 100.000 toneladas y permitiría colocar más carne en un mercado que paga valores en dólares y, en muchos casos, por encima de los del mercado interno.
l actual escenario internacional también suma incertidumbre al sector por el conflicto en Medio Oriente y su impacto sobre los costos energéticos. Aunque los países de esa región representan menos del 5% de la demanda mundial de carne vacuna, para la Argentina sí son un mercado relevante.
Destinos como Israel, Qatar y Emiratos Árabes Unidos concentran más del 7% de los embarques y cerca del 11% de las divisas que genera el sector. Según datos del Senasa, entre enero y febrero de 2026 las exportaciones hacia esos países totalizaron 11.400 toneladas, el 12,5% del total certificado.
Por qué la carne puede seguir cara
Detrás de estas subas, en parte coyunturales y transitorias, también pesa un factor estructural del negocio ganadero. A diferencia de otras producciones, la oferta de carne no puede aumentar de un año a otro.
Cuando los productores deciden retener más vientres para recomponer el stock bovino, pasan varios años hasta que esos animales entran al circuito productivo. Entre la decisión de retener una vaca y la llegada del novillo al mercado pueden transcurrir entre dos y tres años. Por esa razón, incluso si el consumo se estabiliza, los analistas del mercado advierten que los precios de la carne podrían mantenerse elevados durante un período de entre dos y tres años, mientras el sistema productivo recompone la oferta.
Fuente: Infobae
