Se trata de Gustavo Obregón, asistente del matrimonio de líderes piqueteros. Su confesión fue clave para hallar los restos óseos

“Sí señora, parece que hay un cuerpo”, es el mensaje que Gustavo Obregón envió a Marcela Acuña el viernes 2 de junio alrededor de las 17.30 horas. Sus palabras surgen de un pedido de la dirigente social para que se acerque a Santa María de Oro 1.460, en Resistencia, y corrobore el hallazgo de un bulto que dijo haber visto en su domicilio y que -según sus propias palabras- le dieron “miedo”.

Cuando César volvió de una actividad del movimiento de sus padres en Colonia Elisa, a las 18:52, estaba acompañado de una trabajadora del barrio Emerenciano. Ordenó a Obregón que la lleve en su auto, quien cumplió la directiva e inmediatamente volvió a la casa de los Sena.

“Fui y vine como tiro. Estaba nervioso y no sabía qué hacer. Dejé mi auto en la calle. La camioneta de él ya estaba metida en el garaje de cola. Ahí Cesar Sena me dice: “Gusti, ayúdame a sacar esto, tenemos que ir al campo”, una propiedad que está ubicada en Tres Orquetas, según declaró Obregón. Y agregó: “Yo le contesto que no, porque estaba muy asustado y nervioso. Ahí César me dice: ´Bueno trae la basura que está atrás´.

“Andá mirando el camino, diciéndome si no hay moros en la costa”, fue la orden del joven de 19 años al empleado de la familia durante la conversación telefónica que mantuvieron en gran parte del trayecto desde Santa María de Oro 1460 hasta la chanchería.

“Cuando se cargaban las bolsas, en ningún momento vi huesos grandes, pero sí podía observar que había huesos chiquititos”, manifestó Obregón. Finalmente se dirigieron al Río Tragadero, cercano a la chanchería, y descartaron los restos de un fuego que estuvo activo, se presume, más de 48 horas.

Fuente: Infobae