El Gobierno busca avanzar con una alternativa para lograr aval legislativo. El marco es una cuestionada ley de la etapa de Alberto Fernández. La discusión parece reducida al instrumento. Y queda de lado la cuestión de fondo, que es la falta de Presupuesto por decisión política

El Gobierno estima y transmite que las tratativas con el FMI se encaminan decididamente al acuerdo. Anota gestiones en Washington, oxigenadas en el inicio de esta nueva etapa de Donald Trump; agota conversaciones técnicas y en estas horas, acelera para lograr aval del Congreso. El remate es al menos llamativo por tres razones: no se conocen montos ni contenidos del entendimiento que viene, la tensión política parece atada al instrumento y no a la muy cuestionable ley que demanda ese paso legislativo y, para completar, vuelve a quedar de lado el debate central, que es la carencia de Presupuesto.
La necesidad de pasar por el Congreso fue atendida por Olivos de una manera original, aunque sin discutir la imposición legal. Eligió después de algunas vueltas el camino de un DNU. Hace apenas una semana, ante la Asamblea Legislativa, Javier Milei le había dado de baja a la idea que, como sondeo, había sido difundida desde filas del oficialismo para sostener que no era necesario el respaldo legislativo, forzando argumentos técnicos para sostener que el país no estaría tomando deuda.
El discurso presidencial dejó de lado ese ensayo. Y comprometió formalmente el paso por el Congreso, sin más detalles. Las precisiones se conocieron cinco días después, con el anuncio sobre la vía del decreto. Para sostenerlo, se difundieron diversas explicaciones, más bien necesidades en formato de objetivos. Antes que nada, dicen, se trataría de transitar un camino que permita actuar en velocidad y garantice aval político, a pesar de un posible traspié en el Senado. Ese pronóstico -una derrota en la Cámara alta- dominó el criterio del oficialismo, a contramano de otras experiencias recientes, como la registradas en las votaciones del final de sesiones extraordinarias (PASO, juicio en ausencia, ley antimafia).
No fue lo único. A esas condiciones se agregó, ya como repetición, la idea de retomar el manejo de la agenda o recuperar la ofensiva. Es algo que habla de un punto de partida complejo y que, de manera ineludible, remite al impacto del criptogate.
Fuente: Infobae
