La presentación del jefe de Gabinete fue tensa, aunque sin grandes choques. La estrategia de eludir respuestas sobre su crecimiento patrimonial no cierra el tema. Y el foco vuelve a la Justicia. Siguen los problemas del oficialismo para recuperar la agenda, también en el Congreso

Las invitaciones violetas a comprar pochoclo y el video de Javier Milei y sus ministros en apoyo de Manuel Adorni -con música de Rocky– tuvieron muy escaso reflejo en el recinto de Diputados. Ni escándalo, ni épica. El jefe de Gabinete se limitó a no responder las preguntas sobre los temas que lo acompañan y esmerilan desde hace casi dos meses -propiedades y viajes, gastos efectivos o comprometidos-, frente a aliados silenciosos y una oposición más bien prolija, que machacó con el tema, sin réplica. El oficialismo evitó un sacudón que dejara fuera de juego al funcionario. Y la oposición, finalmente, le arrancó una frase que refleja hasta qué punto escaló el tema: “No voy a renunciar”, dijo. Resultado: sigue la serie, con foco en la Justicia e incertidumbre en el Congreso.
Por lo pronto, desde el Gobierno dejaron trascender una módica satisfacción, casi de compromiso, aunque nadie podría suponer que el tema queda agotado y que se abre sin más vueltas el camino para “recuperar la agenda”. En rigor, Milei expuso el desborde declarativo, además de alentar y aplaudir a su funcionario. Volvió a cargar contra los periodistas a la entrada y salida de Diputados, después de dar por “cerrado” el caso. “Chorros, corruptos”, les gritó a los cronistas. Y repitió alguna descalificación parecida unas horas después, al exponer ante empresarios.
Resultó llamativo, además de grave y repudiable, porque casi en paralelo desde el oficialismo se hacía trascender que la presentación de Adorni en Diputados marcaría el inicio de una etapa de mayor exposición, que incluiría la vuelta a conferencias de prensa, desde la semana que viene. Por supuesto, debería revertir la insólita decisión de impedir el trabajo de los periodistas de la Casa Rosada. Del mismo modo, en medios de LLA se insistía con la necesidad propia de reactivar la actividad legislativa y avanzar con sus proyectos.
En esa línea, el primer movimiento sería para votar la Ley Hojarasca, cuyo debate en el recinto fue suspendido la semana pasada por el oficialismo, frente a lo que se imaginaba como un anticipó de los cruces por Adorni. En medios opositores consideran que el proyecto lograría sanción, pero advierten sobre el panorama complejo para las iniciativas más densas del Gobierno, desde la reforma electoral a los intentos para enfrentar el cuadro judicial por la ley de financiamiento universitario. También asoma difícil el camino para los textos sobre discapacidad. Los dos temas alimentan protestas, que en el caso universitario incluye la convocatoria a una nueva marcha nacional para el 12 de mayo.
El trámite de la reforma electoral -que arranca por el Senado- pinta un cuadro difícil de resolver para el oficialismo, según se admite incluso cerca de la presidencia del bloque violeta. Y demandaría un nuevo esfuerzo de negociación. Por lo pronto, desde las filas radicales y del PRO advierten, con mayor o menor énfasis, el rechazo a la derogación lisa y llana de las PASO. Algo parecido transmitieron gobernadores del PJ de buen trato con Olivos. Ya hay planteos además para dividir la propuesta del Ejecutivo y tratar por aparte Ficha Limpia. En cualquier caso, los negociadores del Gobierno -en primer lugar, Diego Santilli– deben atender a los jefes provinciales, complicados y preocupados por la caída de la coparticipación y la baja de la recaudación local.
No es menor lo ocurrido en la presentación de Adorni. Los socios del oficialismo no intervinieron cuando el foco estuvo puesto en las propiedades y los viajes del funcionario, pero algunos legisladores alineados con gobernadores “amigos” sí participaron para insistir con reclamos propios, especialmente vinculados al deterioro de rutas nacionales por falta de obras. Lo dicho: los gobernadores, además, no pasan en general por una buena situación presupuestaria.
Fue una señal un tanto inadvertida sobre el cuadro económico. Por supuesto, hubo defensa del plan del Gobierno por parte de Adorni y cuestionamientos opositores. Pero no fue el centro de atención. En cualquier caso, habla de los otros temas de interés real en materia económica y social, según surge de encuestas variadas, muchas consumidas en despachos de funcionarios y asesores.
De todos modos, el tema de la marcha de la gestión quedó desplazado por el caso del jefe de Gabinete, como era de esperar: la escenificación del respaldo presidencial al funcionario tuvo su punto culminante en Diputados. Inédito. Foto y video con Milei en el centro y la primera línea violeta presente, al igual que en los palcos: ministros, algunos secretarios con Daniel Scioli como cara más conocida, un puñado de senadores, militantes.
Adorni, serio, en algún tramo desafiante y atado siempre al libreto, mantuvo con variaciones la misma letra: que no respondería cuestiones vinculadas con los temas que lo vienen colocando al tope de la agenda desde la segunda semana de marzo. Repitió que lo hará en la Justicia. Se verá cuando le llegue el turno.
Los momentos de tensión fueron pocos y no muy ruidosos. Quizás el más destacado expuso a Martín Menem tratando de marcar autoridad, antes que manejo de la situación. Cruzó y hasta le cerró el micrófono a Pablo Juliano, radical de Provincias Unidas, porque no trataba de “usted” al jefe de Gabinete. Finalmente, la pregunta del legislador fue respondida con la afirmación del funcionario sobre su decisión de no renunciar. Un título, al fin.
De hecho, las miradas se corren hacia la Justicia, por las novedades que pueda exponer el caso y por su impacto en el Congreso, sobre todo cuando el peronismo/K vuelve a alentar la idea de interpelar al jefe de ministros y motorizar una moción de censura. Antes, claro, habría que ver el efecto en la sociedad. Gerardo Pollicita avanzó con distintas medidas de prueba y espera el análisis de especialistas sobre gastos, hipotecas e ingresos.
No es todo. La exposición de respaldo presidencial a su funcionario pareció apuntada especialmente a su núcleo, a su tribuna, por la puesta en escena y por la profundización del mensaje descalificador. Pero los interrogantes con proyección más amplia no tuvieron respuesta. Dicho de otra forma: Adorni y el Gobierno quedaron encerrados en los límites de la lógica política.
Fuente: Infobae
